domingo, 8 de mayo de 2022

Tema 5 - LA RECOLECCION DE LOS DATOS

(Carlos Sabino, Ob.Cit. – Adaptado por P. Lugano)


Indicadores, técnicas e instrumentos
De acuerdo al modelo del proceso de investigación por el que nos estamos guiando se aprecia que, una vez obtenidos los indicadores de los elementos teóricos y definido el diseño de la investigación, se hace necesario definir las técnicas de recolección necesarias para construir los instrumentos que nos permitan obtener los datos de la realidad.


    Un instrumento de recolección de datos es, en principio, cualquier recurso de que se vale el investigador para acercarse a los fenómenos y extraer de ellos información. Dentro de cada instrumento concreto pueden distinguirse dos aspectos diferentes: forma y contenido. La forma del instrumento se refiere al tipo de aproximación que establecemos con lo empírico, a las técnicas que utilizamos para esta tarea; una exposición más detallada de las principales se ofrece al lector en este mismo capítulo. En cuanto al contenido éste queda expresado en la especificación de los datos que necesitamos conseguir; se concreta, por lo tanto, en una serie de ítems que no son otra cosa que los mismos indicadores que permiten medir las variables, pero que asumen ahora la forma de preguntas, puntos a observar, elementos a registrar, etc. De este modo, el instrumento sintetiza en sí toda la labor previa de investigación: resume los aportes del marco teórico al seleccionar datos que corresponden a los indicadores y, por lo tanto, a las variables o conceptos utilizados; pero también expresa todo lo que tiene de específicamente empírico nuestro objeto de estudio pues sintetiza, a través de las técnicas de recolección que emplea, el diseño concreto escogido para el trabajo.


    Es mediante una adecuada construcción de los instrumentos de recolección que la investigación alcanza entonces la necesaria correspondencia entre teoría y hechos. Es más, podríamos decir que es gracias a ellos que ambos términos efectivamente se vinculan. Si en una investigación los instrumentos son defectuosos se producirán, inevitablemente, algunas de las dificultades siguientes: o bien los datos recogidos no servirán para satisfacer los interrogantes iniciales o bien los datos que obtengamos vendrán falseados y distorsionados, porque el instrumento escogido no se adecua al tipo de hechos en estudio. En ambos casos habrá habido, seguramente, uno o varios errores en las etapas anteriores del proceso de investigación. Será entonces necesario volver hacia atrás (cosa que es mucho más frecuente de lo que el lector se imagina) y revisar las diferentes tareas realizadas, hasta alcanzar una mejor resolución del problema.
    Situadas así en su perspectiva, pasaremos a estudiar las principales técnicas de recolección de datos que suelen emplearse, no sin antes hacer algunas precisiones acerca de los tipos de datos que se presentan al investigador.
Datos primarios y secundarios
    Ya hemos mencionado que los datos, según su procedencia, pueden subdividirse en dos grandes grupos: datos primarios y datos secundarios. Los datos primarios son aquellos que el investigador obtiene directamente de la realidad, recolectándolos con sus propios instrumentos. En otras palabras, son los que el investigador o sus auxiliares recogen por sí mismos, en contacto con los hechos que se investigan. Los datos secundarios, por otra parte, son registros escritos que proceden también de un contacto con la practica, pero que ya han sido recogidos y muchas veces procesados por otros investigadores. Las técnicas de recolección que se emplean en una y otra situación son bien disímiles, como es fácil de comprender, puesto que en un caso nos enfrentamos a la compleja y cambiante realidad y en el otro nos vemos ante un cúmulo de materiales dentro de los cuales es preciso discernir con criterio los más pertinentes.
    Los datos primarios y los secundarios no son dos clases esencialmente diferentes de información, sino partes de una misma secuencia: todo dato secundario ha sido primario en sus orígenes y todo dato primario, a partir del momento en que el investigador concluye su trabajo, se convierte en dato secundario para los demás.
    En la experiencia cotidiana también apelamos constantemente a ambos tipos de fuentes. Supongamos, por ejemplo, que hemos arribado por primera vez a una ciudad, en la que queremos llegar a determinados sitios. Para lograr nuestro objetivo podemos ir tomando nota de las calles que atravesamos, de la ubicación de los monumentos, plazas y comercios principales, de modo tal de formarnos una idea que nos sirva de referencia para ubicarnos. También podemos preguntar a los habitantes del lugar acerca de nuestros puntos de interés, dirigiéndonos a quienes suponemos están mejor informados. Al utilizar ambos recursos estaremos recogiendo datos primarios, en el primer caso mediante la técnica de la observación, en el segundo con el auxilio de las entrevistas. Pero también podemos acudir a la información que nos proporcionan planos, mapas o guías turísticas. En este último caso las fuentes de nuestros datos serán materiales previamente compilados y organizados por otras personas, por lo que los mismos serán datos secundarios.
    Este sencillo ejemplo tomado de la experiencia común no difiere, en esencia, de lo que ocurre cuando recogemos datos para una investigación científica. Aquí nuestros procedimientos no han de ser más que desarrollos y perfeccionamientos -mucho más sistematizados y rigurosos, naturalmente- de las técnicas rudimentarias del ejemplo.
Recolección de datos primarios
Siendo los datos primarios aquellos que surgen del contacto directo con la realidad empírica las técnicas encaminadas a recogerlos reflejarán, necesariamente, toda la compleja variedad de situaciones que se presentan en la vida real.
    Dentro de estas técnicas mencionaremos, en primer lugar, la de la observación, por ser fundamental en todos los campos de la ciencia. La observación consiste en el uso sistemático de nuestros sentidos orientados a la captación de la realidad que queremos estudiar. Es por ello una técnica antiquísima, cuyos primeros aportes sería imposible rastrear. A través de sus sentidos el hombre capta la realidad que lo rodea, que luego organiza intelectualmente. Fue a través de innumerables observaciones sistemáticamente repetidas que mayas y caldeos lograron penetrar en los secretos del movimiento de muchos cuerpos celestes; fue observando miles de casos concretos que finalmente Mendel pudo formular las leyes sobre la herencia. Los ejemplos podrían repetirse para todas las ciencias, para todas las épocas. Es que el uso de nuestros sentidos, que permanentemente empleamos, es una fuente inagotable de datos que, tanto para la actividad científica como para la vida práctica, resulta de inestimable valor.
    Para todo el conjunto de las ciencias humanas existe además otro procedimiento, de uso muy generalizado y de aplicaciones diversas. Se trata de la entrevista, que en esencia consiste en una interacción entre dos personas, una de las cuales -el investigador- formula determinadas preguntas relativas al tema en investigación, mientras la otra -el investigado- proporciona verbalmente o por escrito la información que le es solicitada.
    Existen además otros procedimientos de recolección de datos primarios, entre los que figuran el llamado cuestionario de auto-aplicación, los tests, los diagramas sociométricos, las escalas y diferenciales semánticos, etc. Sin embargo, por más que en sus desarrollos técnicos puedan ser manejados como procedimientos independientes, veremos más adelante que tienen su origen, en última instancia, en las dos principales técnicas mencionadas, pues constituyen en definitiva sólo derivaciones o usos particulares de las mismas
La observación científica
La observación científica puede definirse como el uso sistemático de nuestros sentidos en la búsqueda de los datos que se necesitan para resolver un problema de investigación. Dicho de otro modo, observar científicamente es percibir activamente la realidad exterior con el propósito de obtener los datos que, previamente, han sido definidos como de interés para la investigación. La observación que se realiza cotidianamente, como parte de nuestra experiencia vital, no puede ser considerada como científica pues no esta orientada hacia objetos precisos de estudio, no es sistemática y carece de controles o de mecanismos que nos pongan a cubierto de los errores que podemos cometer cuando la realizamos. De todos modos ese cúmulo de observaciones que -sin premeditación- hace continuamente toda persona, tiene valor para el investigador: puede servir de punto de partida o de referencia inicial para enfrentar luego el problema de realizar una observación verdaderamente científica o para contribuir a su mejor desarrollo y comprensión.
    La ventaja principal de esta técnica en el campo de las ciencias del hombre [Para las ciencias naturales no tiene sentido hacer tal comparación, pues sus datos primarios se recogen siempre mediante variados tipos de observaciones. V. Sabino, Los Caminos de la Ciencia, Op. Cit., caps. 1 y 3.] radica en que los hechos son percibidos directamente, sin ninguna clase de intermediación, colocándonos ante la situación estudiada tal como ésta se da naturalmente. De este modo la subjetividad que posee el propio objeto de estudio -ya que en este caso nos referimos, obviamente, a las conductas de seres humanos- queda eliminada de los datos que recogemos, pues no se presentan las distorsiones que son usuales en las entrevistas.
    Su principal inconveniente reside en que la presencia del observador puede provocar, por sí sola, una alteración o modificación en la conducta de los sujetos observadas, destruyendo la espontaneidad de los mismos y aportando datos, por lo tanto, poco fiables. Todos los seres humanos, al saberse observados, tienden naturalmente a modificar su conducta, pues hay muchas actividades, opiniones y actitudes que podemos tener en privado, pero nunca cuando sentimos que estamos siendo objeto de una observación, cuando nos sentimos casi como si actuáramos en público. Supongamos que tratemos de escuchar la conversación que dos desconocidos mantienen en la calle, o en cualquier otro lugar público. Si nos acercamos, y si ellos perciben que nuestro interés es escuchar lo que están diciendo, lo más probable es que disminuyan su tono de voz, que manifiesten algún grado de turbación o de enojo, y aún es posible que cesen en absoluto de conversar.
    Este tipo de reacción ante la presencia de terceros debe tenerse en cuenta siempre que se pretenda utilizar la técnica de la observación con seres humanos. Para evitar tales perturbaciones se han elaborado dos procedimientos opuestos que dan origen a dos tipos también diferenciados de observaciones.
    Por un lado, para evitar inhibiciones o alteraciones en la conducta de los sujetos observados, se trata de pasar lo más desapercibido posible, actuando de tal manera que el observador no aparezca como un sujeto activo ante los observados sino más bien como parte del “telón de fondo" impreciso de la situación. Si logramos esto mediante un comportamiento discreto y cuidadoso, confundiéndonos con el público en general y evitando que la atención recaiga sobre nosotros, lograremos observaciones confiables y de buena calidad. Este es el tipo de observación que suele llamarse simple.
    La otra forma de que las personas no se sientan observadas se basa en un principio opuesto al anterior: en este caso el observador, en vez de pasar desapercibido, trata de integrase a la acción de los observados, de participar en ella como si fuese un miembro más del grupo que la lleva a cabo. Por ello se denomina a esta técnica observación participante.
Observación simple y participante
La observación simple resulta útil y viable cuando se trata de conocer hechos o situaciones que de algún modo tienen un cierto carácter público, o que por lo menos no pertenecen estrictamente a la esfera de las conductas privadas de los individuos. Es factible mediante este procedimiento conocer hábitos de compras si nos situamos estratégicamente en los puntos de ventas, relevar formas de comportamiento político, mediante la asistencia a actos de esa naturaleza, y conocer otros diversos aspectos de la conducta manifiesta de las personas observadas: hábitos de vestimenta, de concurrencia a lugares públicos, de trato social, etc. Casi siempre los datos obtenidos apuntan a los aspectos más superficiales o visibles de la realidad social, aunque ello no quiere decir que los mismos no posean importancia.
    La observación simple puede adquirir también un carácter indirecto, si apelamos al auxilio de diversos instrumentos capaces de registrar información sobre el problema en estudio. En las ciencias naturales gran parte de los datos recogidos provienen de instrumentos que actúan como amplificadores o intermediarios entre nuestros sentidos y los objetos investigados, dándonos acceso a informaciones que de otro modo nos estarían vedadas: es característico el uso del telescopio y del microscopio, de termómetros, receptores de ondas electromagnéticas y de sensores de todo tipo.
    El uso de vidrios polarizados, de cintas magnetofónicas, filmadoras, cámaras de televisión y otros aparatos, es de indudable valor en el estudio de la conducta humana, por la exactitud y amplitud de sus registros y por la confianza que proporcionan al investigador. Por supuesto, dichos medios deben usarse de tal modo que su presencia no perturbe la acción o situación que está investigando, porque de lo contrario sus efectos serían más bien contraproducentes, alterando la conducta de los sujetos.
    La observación participante, por otra parte, implica la necesidad de un trabajo casi siempre más dilatado y cuidadoso, pues el investigador debe primeramente integrarse al grupo, comunidad o institución en estudio para, una vez allí, ir realizando una doble tarea: desempeñar algunos roles dentro del grupo, como uno más de sus miembros, a la par que ir recogiendo los datos que necesita para la investigación. Es preciso, por lo tanto, confundirse con las personas sobre las que recae la observación, como si se fuera una más de ellas, pero sin abandonar la actitud observadora. Con esto se consigue ser testigo de los hechos “desde adentro", y el observador no sólo puede percibir las formas más exteriores de la conducta humana sino también experimentar en carne propia las percepciones y sensaciones de los miembros del grupo, penetrando así en la comprensión de las actitudes y los valores que intervienen en el fenómeno en estudio. Se añade así todo una dimensión emocional, una carga de sentimientos vividos directamente que redunda en el enriquecimiento de los datos obtenidos y que permite reunir un cuerpo de información variado y completo, muy importante para los estudios de tipo cualitativo. Dicha información resulta, por lo general, más confiable que la que se obtiene por medio de entrevistas, ya que los hechos se observan a medida que se producen y tal como se producen.
    La observación participante puede llamarse natural cuando el observador pertenece, de hecho, al conjunto humano que investiga. Si un estudiante quiere hacer observación participante entre estudiantes prácticamente no necesita ningún esfuerzo para lograr su cometido, pues ya es estudiante y conoce bien el lenguaje, los modos de hacer y de comportarse del grupo que investiga. En este caso el trabajo de observación se facilita grandemente, pues el observador no requiere ni de un entrenamiento especial ni de una actitud de autocontrol frente a los actos que él mismo ejecuta.
    La observación participante, en cambio, se denomina artificial cuando la integración del observador al grupo se hace con el objeto deliberado de desarrollar un trabajo de investigación. Cuando la distancia social entre observador y observado es poca, la adecuación no es difícil. Así, en el caso de que quisiéramos observar la conducta de un grupo de jóvenes de clase media que se dedica al teatro, podríamos utilizar algún observador que también fuese joven, del mismo origen social y que tuviera inclinaciones por el arte, aunque no practicase específicamente el teatro. Sus propias características personales les facilitaría la entrada e integración al grupo, lo cual se haría considerablemente más dificultoso en el caso de que su distancia social respecto a él fuese mayor. No obstante, aun cuando puedan conseguirse observadores que se integren con facilidad a los grupos estudiados, debe recurrirse a la observación participante sólo cuando no es posible emplear otra técnica capaz de dar iguales resultados, porque sus costos pueden llegar a ser verdaderamente altos. Hay etnólogos que han pasado períodos de cuatro y cinco años conviviendo en comunidades de la selva o de regiones aisladas, puesto que no había otra forma de conocer a fondo las estructuras sociales y culturales de los pueblos que procuraban estudiar.
    La observación participante puede variar desde una afiliación total al grupo hasta una participación limitada y condicionada, tanto en cuanto al tiempo como en cuanto a las funciones asumidas por el observador. [Cf Goode y Hatt, Op. cit., pp. 148 a 152.] No es necesario que éste lleve a cabo exactamente las mismas actividades que realizan los demás miembros del grupo: en lugar de eso puede buscarse algún papel que sea aceptable dentro de la comunidad y que el observador pueda desempeñar razonablemente bien. En todos los casos es importante que no divulgue la verdadera finalidad de su participación y que cuide todos los detalles de su aspecto personal, de sus gestos y ademanes, de las palabras y opiniones que expresa, para no aparecer ante los otros como un participante anómalo, porque esto podría generar hacia él una actitud de desconfianza o un trato atípico, bloqueando la información que recibe y llegando hasta a distorsionar las mismas actividades que el grupo normalmente realiza.
    Entre la observación simple y la participante no existe una línea demarcatoria completamente clara: la observación sin participación puede llegar a ser muchas veces “cuasi participante", [Id., pp. 152 a 154.] cuando el observador, accesoriamente, realiza algunas de las actividades colaterales en las que participa el grupo o conjunto en estudio.
    En cuanto a las desventajas principales de la observación participante debemos mencionar las siguientes: el excesivo compromiso que adopta el observador frente al grupo puede llegar a provocar una identificación tan intensa que altere su objetividad y distorsione su percepción; que éste acepte, dentro del grupo investigado, una sola de las posiciones posibles, por lo que se restrinja su posibilidad de captar las actividades de interés en sus múltiples facetas y, por supuesto, los enormes costos que pueden estar asociados a trabajos de tal larga duración.
    Hasta aquí nos hemos referido al “observador", como si siempre se tratara de un solo individuo. En la práctica, sin embargo, y cuando es posible y existen medios para hacerlo, es conveniente efectuar las tareas de observación en equipo, para tener una mayor cobertura de los sucesos y para evitar los siempre posibles errores de percepción. Los datos pueden ser así confrontados o cotejados luego de su obtención para enmendar errores o superar los vacíos que puedan detectarse. Cuando los sucesos de interés se dan dentro de colectividades pequeñas o muy sensibles es preferible reducir el número de observadores, pues una presencia colectiva puede causar más daños que beneficios.
    Por último debemos distinguir entre las observaciones de situaciones producidas espontáneamente, en la misma vida social, de las que se llevan a cabo en condiciones controladas, experimentales y ya preparadas. En este último caso se facilita grandemente la tarea de seleccionar y registrar datos de valor.
Registro y formalización de la observación
La tarea de observar no es una mera percepción pasiva de hechos, situaciones o cosas. Hablábamos anteriormente de una percepción activa lo cual significa concretamente un ejercicio constante encaminado a seleccionar, organizar y relacionar los datos referentes a nuestro problema. No todo lo que aparece en el campo del observador tiene importancia y, si la tiene, no siempre en el mismo grado; no todos los datos se refieren a las mismas variables o indicadores y es preciso estar alerta para discriminar adecuadamente todo este conjunto posible de informaciones.
    Resulta además indispensable registrar toda observación que se haga para poder organizar luego lo percibido en un conjunto coherente. Para ello es inevitable tomar algún tipo de notas o apuntes que sirvan como registro de lo que se ha observado. Lo medios más comúnmente utilizados para registrar informaciones son: cuadernos de campo, diarios, computadoras portátiles, cuadros de trabajo, gráficos y mapas. Sin entrar en detalles acerca de su uso y de sus particularidades, debemos reconocer que todos ellos son auxiliares valiosos para el investigador, pues permiten ir registrando y sistematizando un cúmulo de datos tal que, en ningún caso, podríamos confiar a la memoria.
    Pero el problema del registro puede llegar a ser sumamente delicado cuando se trata de la observación de fenómenos de tipo social. En muchas circunstancias es prácticamente imposible tomar notas durante el transcurso mismo de la observación, pues ello originaría sospechas y recelo, con lo cual se echarían por tierra todos los cuidados tomados. En esos casos conviene recurrir a notas rápidas, casi taquigráficas, para reducir en lo posible tal dificultad. En situaciones extremas no habrá más remedio que confiar en la memoria, con todas las limitaciones que esto inevitablemente supone. En tales casos lo recomendable es volcar por escrito todo lo recordado apenas concluya la situación de observación, sin dilación alguna. También se allana este inconveniente cuando los observadores son varios, pues pueden redactar independientemente sus informes para luego compararlos entre sí, completando y depurando los datos obtenidos.
    En cuanto a los datos a registrar en sí, es posible adoptar diversas posiciones. Puede actuarse con suma flexibilidad, recogiendo sólo aquellos datos que van apareciendo, anotando las impresiones generales que causan los sucesos, de una manera espontánea y poco organizada. Cuando así procedemos hablamos de una observación no estructurada o no formalizada, que ofrece las ventajas de su gran capacidad de adaptación frente a sucesos inesperados y de no pasar por alto ningún aspecto importante que pueda producirse.
    Cuando, por el contrario, establecemos de antemano un modelo de observación explícito en que se detallan qué datos habremos de recoger, llamamos a la observación estructurada o formalizada. Aquí la ventaja principal es que recogemos datos que pueden cuantificarse más fácilmente, debido a su homogeneidad, y que podemos tener la certeza de no haber olvidado de registrar ninguno de los aspectos principales del problema en estudio. Su desventaja radica en su poca flexibilidad frente a circunstancias no previstas, pero que pueden llegar a ser de sumo interés para la investigación.
    Naturalmente que pueden realizarse observaciones semi-estructuradas, haciendo más o menos detallado el modelo de observación según las necesidades y posibilidades. La habilidad y experiencia de un investigador se aprecian también en su capacidad para confeccionar el instrumento más adecuado a cada circunstancia.
La entrevista
La entrevista, desde el punto de vista del método, es una forma específica de interacción social que tiene por objeto recolectar datos para una investigación. El investigador formula preguntas a las personas capaces de aportarle datos de interés, estableciendo un diálogo peculiar, asimétrico, donde una de las partes busca recoger informaciones y la otra es la fuente de esas informaciones. Por razones obvias sólo se emplea, salvo raras excepciones, en las ciencias humanas.
    La ventaja esencial de la entrevista reside en que son los mismos actores sociales quienes proporcionan los datos relativos a sus conductas, opiniones, deseos, actitudes y expectativas, cosa que por su misma naturaleza es casi imposible de observar desde fuera. Nadie mejor que la misma persona involucrada para hablarnos acerca de todo aquello que piensa y siente, de lo que ha experimentado o proyecta hacer.
    Pero existe un inconveniente de considerable peso que reduce y limita los alcances de esta técnica. Cualquier persona entrevistada podrá hablarnos de aquello que le preguntemos pero siempre nos dará la imagen que tiene de las cosas, lo que cree que son, a través de toda su carga subjetiva de intereses, prejuicios y estereotipos. La propia imagen que el entrevistado tiene de sí mismo podrá ser radicalmente falsa y, en todo caso, estará siempre idealizada de algún modo, distorsionada, mejorada o retocada según factores que no es del caso analizar aquí, pero que nunca podemos prever en detalle.
    Este problema nos obliga a dejar fuera de esta técnica a un campo considerable de problemas y de temas que, por lo anterior, son explorados mejor por medio de otros procedimientos que en tales casos resultan más confiables. Por otra parte nos obliga a utilizar, a veces, caminos indirectos, mediante preguntas que alcancen nuestro objetivo elípticamente, utilizando todo tipo de rodeos. Es clásico de ejemplo de que las personas nunca contestan la verdad respecto a sus ingresos personales en dinero, ya sea porque los disminuyen (ante el temor de estar frente a algún tipo de inspector de impuestos o porque suponen que pueden recibir alguna ayuda), o porque los aumentan (con fines de ostentación social o para reforzar su autoestima). Tal como en este caso, el lector podrá imaginar una amplia variedad de preguntas a las que los entrevistados sólo nos proporcionarían respuestas inexactas o falsificadas, cuando no una reacción adversa que interrumpa toda comunicación.
    Para que una entrevista obtenga éxito es preciso prestar atención a una serie de factores aparentemente menores, pero que en la práctica son decisivos para un correcto desarrollo del trabajo. Así, es importante que la apariencia exterior del entrevistador resulte adecuada al medio social donde habrá de formular sus preguntas, evitando innecesarias reacciones de temor, agresividad o desconfianza. El entrevistador, aparte de este aspecto formal, deberá ser una persona de por lo menos una cultura media, que comprenda el valor y la importancia de cada dato recogido y la función que su trabajo desempeña en el conjunto de la investigación. Tendrá que ser mentalmente ágil, no tener prejuicios marcados frente a ninguna categoría de personas y, sobre todo, ser capaz de dejar hablar libremente a los demás, eliminando por completo todo intento de convencerlos, apresurarlos, o agredirlos por sus opiniones. La entrevista deberá realizarse a las horas más apropiadas para las personas que responden, teniendo en cuenta que su posible duración no afecte la confiabilidad de los datos.
    Queremos destacar que las entrevistas no son excluyentes con respecto a las técnicas de observación vistas en el punto anterior, ya que ambos procedimientos pueden ser combinados sin ninguna dificultad, tratando precisamente de compensar sus ventajas y desventajas, con lo que se puede lograr una información mucho más confiable y amplia. Así, en muchas encuestas, hay datos que el entrevistador recoge mediante la observación y no mediante preguntas, como por ejemplo las características de la vivienda, la edad del respondente, etc.
    Parece apropiado, además, despejar aquí la confusión que siempre vincula a las entrevistas con las encuestas. Ni son la misma cosa, aunque las encuestas se realicen generalmente por medio de entrevistas, ni ambas son técnicas diferentes aplicables a distintos casos. La encuesta, como ya lo discutimos in extenso en el punto 6.4.3, es un modelo general de investigación, un diseño o método, que se apoya fundamentalmente en una técnica de recolección que es la entrevista, aunque también utiliza observaciones y datos secundarios. Además pueden utilizarse entrevistas en otros tipos de diseños, como en los estudios de caso y experimentos, sin que por ello estemos en presencia de una encuesta. Lo que vulgarmente se llama entrevista, por otra parte, es una técnica que en realidad se denomina entrevista no estructurada y lo que suele llamarse encuesta es igual a lo que denominamos, en metodología científica, entrevista estructurada. Por eso no tiene sentido hablar de entrevistas y encuestas como dos técnicas diferentes sino de entrevistas estructuradas o no que se aplican dentro de determinados diseños de investigación: encuestas, estudios de caso, etc.
    Pasando ahora a la clasificación de los diversos tipos de entrevistas diremos que ellas pueden ordenarse como una serie, de acuerdo principalmente a un elemento: su grado de estructuración o formalización. Al igual que cuando estudiábamos la observación científica podemos decir que las entrevistas más estructuradas serán aquellas que predeterminan en una mayor medida las respuestas a obtener, que fijan de antemano sus elementos con más rigidez, mientras que las entrevistas informales serán precisamente las que discurran de un modo más espontáneo, más libre, sin sujetarse a ningún canon preestablecido. Los distintos tipos de entrevista quedan representados esquemáticamente en el esquema de la página anterior.
Entrevistas no estructuradas
De un modo general, una entrevista no estructurada o no formalizada es aquélla en que existe un margen más o menos grande de libertad para formular las preguntas y las respuestas. [V. Ander Egg, Ezequiel, Introducción a las Técnicas de Investigación Social, Ed. Humánitas, Buenos Aires, 1972, pp. 109 y ss.] No se guían por lo tanto por un cuestionario o modelo rígido, sino que discurren con cierto grado de espontaneidad, mayor o menor según el tipo concreto de entrevista que se realice. Entre estos tenemos los siguientes:
Entrevista informal: es la modalidad menos estructurada posible de entrevista ya que la misma se reduce a una simple conversación sobre el tema en estudio. Lo importante no es aquí definir los límites de lo tratado ni ceñirse a algún esquema previo, sino “hacer hablar" al entrevistado, de modo de obtener un panorama de los problemas más salientes, de los mecanismos lógicos y mentales del respondente, de los temas que para él resultan de importancia. Es de gran utilidad en estudios exploratorios y recomendable cuando se trata de abordar realidades poco conocidas por el investigador. También suele utilizarse en las fases iniciales -aproximativas- de investigaciones de cualquier naturaleza, recurriendo a informantes claves que pueden ser expertos sobre el tema en estudio, líderes formales o informales, personalidades destacadas o cualquier persona que, en general, posea informaciones de particular interés para la indagación. Lo más importante, en este tipo de entrevista, es dar al respondente la sensación clara y definida de que puede hablar libremente, alentándolo y estimulándolo para que lo haga y cuidando de no influirlo demasiado con nuestras actitudes o las palabras que decimos.
Entrevista focalizada: es prácticamente tan libre y espontánea como la anterior, pero tiene la particularidad de concentrarse en un único tema. El entrevistador deja hablar sin restricciones al entrevistado, proponiéndole apenas algunas orientaciones básicas pero, cuando éste se desvía del tema original y se desliza hacia otros distintos, el entrevistador vuelve a centrar la conversación sobre el primer asunto, y así repetidamente. Se emplea normalmente con el objeto de explorar a fondo alguna experiencia vivida por el entrevistado o cuando nuestros informantes son testigos presenciales de hechos de interés, por lo que resulta adecuado insistir sobre estos pero dejando, a la vez, entera libertad para captarlos en toda su riqueza. Esto ocurre también cuando se trata de interrogar a los actores principales de ciertos hechos o a testigos históricos y cuando se construyen historias de vida, caso en el cual normalmente se realizan varias entrevistas focalizadas en una serie que explora poco a poco toda la riqueza temática que es necesario abordar. Estas entrevistas requieren de gran habilidad en su desarrollo para evitar tanto la dispersión temática como caer en formas más estructuradas de interrogación.
Entrevistas guiadas o “por pautas": son aquellas, ya algo más formalizadas, que se guían por una lista de puntos de interés que se van explorando en el curso de la entrevista. Los temas deben guardar una cierta relación entre sí. El entrevistador, en este caso, hace muy pocas preguntas directas, y deja hablar al respondente siempre que vaya tocando alguno de los temas señalados en la pauta o guía. En el caso de que éste se aparte de ellos, o que no toque alguno de los puntos en cuestión, el investigador llamará la atención sobre ellos, aunque tratando siempre de preservar en lo posible la espontaneidad de la interacción. Se usan en situaciones parecidas a las anteriores y cuando se presentan casos en que los sujetos investigados prefieren más un desarrollo flexible que uno rígido por sus propias actitudes culturales o necesidades personales. Son un complemento magnífico de las entrevistas más estructuradas que se realizan en las encuestas por muestreo, pues permiten añadir a éstas un tipo de información más subjetiva o profunda que facilita el análisis de los otros datos.
    Todas estas formas de entrevistas, que tiene en común su poca formalización, poseen la ventaja de permitir un diálogo más profundo y rico, de presentar los hechos en toda su complejidad, captando no sólo las respuestas a los temas elegidos sino también las actitudes, valores y formas de pensar de los entrevistados, a veces inaccesibles por otras vías. Su principal inconveniente radica en que es poco práctico sintetizar un gran número de entrevistas no estructuradas a través de un tratamiento estadístico ya que pueden tener muy pocos puntos de contacto entre sí. Otra dificultad que no debe omitirse es su costo, pues involucran la presencia de personal altamente especializado durante tiempos relativamente largos.
    Los problemas de registro pueden ser importantes, pues se intercambia un gran número de palabras que es casi imposible registrar en su totalidad. Pueden utilizarse grabadores para solventar este inconveniente, aunque es preciso determinar previamente si la presencia de tales aparatos cohibe o no a los informantes. En todo caso es preciso realizar un esfuerzo especial para transcribir, organizar e interpretar cada una de las entrevistas realizadas, de modo de que sus datos puedan sintetizarse, posteriormente, en una forma apropiada para el análisis. Esta tarea también requiere de mucho tiempo de trabajo.
Entrevistas formalizadas
Estas se desarrollan en base a un listado fijo de preguntas cuyo orden y redacción permanece invariable. Comúnmente se administran a un gran número de entrevistados para su posterior tratamiento estadístico. Por este motivo es la forma de recolección de datos más adecuada para el diseño encuesta, tanto que a veces provoca confusiones entre instrumento y método.
    Entre sus ventajas principales mencionaremos su rapidez y el hecho de que pueden ser llevadas a cabo por personas con mediana preparación, lo cual redunda en su bajo costo. Otra ventaja evidente es su posibilidad de procesamiento matemático, ya que al guardar las preguntas una estricta homogeneidad sus respuestas resultan comparables y agrupables. Su desventaja mayor estriba en que reducen grandemente el campo de información registrado, limitando los datos a los que surgen de una lista taxativa de preguntas. Esta lista de preguntas, que es el instrumento concreto de recolección empleado en este caso, recibe el nombre de cuestionario y puede ser administrado sin que necesariamente medie una entrevista. Debe ser cuidadosamente redactado, evitando preguntas demasiado generales, confusas o de doble sentido, y tratando de conservar un orden lo más natural posible.
    Según el tipo de preguntas que se incluyan en un cuestionario las entrevistas resultantes serán más o menos estructuradas. Para ello las preguntas suelen dividirse en dos grandes tipos: a) de alternativas fijas ; b) de final abierto.
Las preguntas de alternativas fijas, llamadas comúnmente cerradas, formalizan más el cuestionario, pues en ellas sólo se otorga al entrevistado la posibilidad de escoger entre un número limitado de respuestas posibles. Si se pregunta “¿Cree Ud. en los OVNIS, sí o no?", estaremos ante una típica pregunta cerrada. No importa la cantidad de alternativas ofrecidas, sean éstas dos, tres o veinte, si el respondente no puede elegir una respuesta que esté fuera de la lista, la pregunta se habrá de considerar cerrada. Hay que tener sumo cuidado en la redacción de estas alternativas, procurando especialmente que ellas sean exhaustivas y mutuamente excluyentes, tal como ocurría para la confección de escalas y evitando que estimulen a responder en un sentido determinado.
Las preguntas de final abierto, llamadas también simplemente abiertas, proporcionan una variedad más amplia de respuestas pues éstas pueden ser emitidas libremente por los respondentes. Su redacción debe ser muy cuidadosa para evitar respuestas confusas o erróneas, y para evitar además que ellas predispongan a los entrevistados en uno u otro sentido. Un ejemplo de preguntar abierta sería: “¿Qué opina Ud. acerca de los OVNIS?". Como resulta evidente, la respuesta aquí puede ser infinitamente variada, según la opinión de cada persona consultada. La información que se obtendrá será mucho más completa y valiosa con esta pregunta que con la del ejemplo anterior, pero el trabajo de procesamiento de los datos, en compensación, tendrá que ser sin duda mucho mayor.
    Una vez que se redacta el conjunto de preguntas que constituyen un cuestionario es necesario revisar éste una y otra vez para asegurarse de su consistencia y eliminar los posibles errores u omisiones. Casi siempre se realiza lo que se denomina una prueba piloto, que consiste en administrar el cuestionario a un conjunto reducido de personas para calcular su duración, conocer sus dificultades y corregir sus defectos antes de aplicarlo a la totalidad de la muestra.
    Durante las entrevistas se utilizan frecuentemente ayudas visuales (fotografías, esquemas, tarjetas con frases o palabras, etc.), que contribuyen a veces a obtener conocimientos más completos y que, en otros casos, cumplen la función de preservar la objetividad, evitando que la forma en que se pronuncia o describe algo introduzca un sesgo determinado en las respuestas.
El cuestionario autoadministrado
Decíamos antes que el cuestionario, instrumento indispensable para llevar a cabo entrevistas formalizadas, puede sin embargo usarse independientemente de éstas. En tal caso se entrega al respondente un cuestionario para que éste, por escrito, consigne por sí mismo las respuestas. Por la similitud de los instrumentos empleados esta técnica puede considerarse como una derivación o forma muy particular de la entrevista, aunque es claro que no se trata de una entrevista, pues no existe allí el elemento de interacción personal que la define.
    La ventaja principal de tal procedimiento reside en la gran economía de tiempo y personal que implica, puesto que los cuestionarios pueden enviarse por correo, dejarse en algún lugar apropiado o administrarse directamente a grupos reunidos al efecto. Otra ventaja es que la calidad de los datos obtenidos se incrementa pues, al desaparecer la situación de interacción, se eliminan las posibles distorsiones que la presencia del entrevistador puede traer, ya sea por la forma de hablar, de enfatizar palabras u oraciones, de dirigir inconscientemente las respuestas, o ya sea por su misma presencia física, que puede retraer o inhibir al entrevistado.
    Su desventaja está en que se impide de esta forma conocer las reacciones reales del informante ante cada pregunta, las que sí es posible observar cuando se está en una situación de entrevista. También las confusiones o malentendidos pueden multiplicarse, pues no existe la posibilidad de consultar sobre dudas específicas o de orientar una respuesta hacia su mayor profundización o especificación. Otro inconveniente es que, en ciertos casos, el respondente puede consultar con otras personas antes de expresar sus opiniones, con lo que se pierden la espontaneidad e individualidad imprescindibles en las encuestas.
    Su empleo se hace especialmente recomendable en aquellos casos en que es factible reunir de una sola vez a un cierto número de personas (como cuando se entrevista a los alumnos de una escuela o los trabajadores de una empresa) y se puede contar además con el asesoramiento de personal especializado, al cual se le asigna la tarea de resolver las dudas que puedan tener los respondentes. También se hace conveniente este sistema cuando, por el tipo de información, se produzcan normalmente omisiones o falsedades deliberadas ante la presencia de un entrevistador. Tales casos se presentan en cues- tionarios sobre salud, problemas sexuales, experiencias con drogas, comisión de delitos, etc. Si además preservamos explícitamente el anonimato de los respondentes los problemas más graves al respecto habrán desaparecido. Antes de finalizar queremos agregar que muchas personas adoptan una actitud irresponsable o pierden el interés frente a cuestionarios autoadministrados, lo que es otro factor negativo para ésta técnica.
Otras técnicas para recolectar datos primarios
Las ciencias sociales han ido desarrollando una gran variedad de instrumentos y técnicas que difieren en bastante medida de las ya descritas. Pero, en esencia, como veremos seguidamente, tales procedimientos no pueden considerarse sino como derivaciones específicas de las técnicas anteriores.
    Un instrumento interesante por sus aplicaciones a la Dinámica de Grupos es el sociograma, diseñado por F. Moreno. Consiste en un gráfico en que se expresan las atracciones y repulsiones que los miembros de un determinado grupo experimentan entre sí, siendo por ello de suma utilidad para detectar fenómenos tales como liderazgo, existencia de sub-grupos internos y anomia. Se construye pidiendo a cada miembro que señale las personas que más congenian consigo y las que menos le atraen. Esta información se recoge mediante el uso de breves cuestionarios de dos a tres preguntas y luego es procesada para construir el diagrama correspondiente, donde se señalan con símbolos apropiados las relaciones que se establecen entre los miembros del grupo.
    Los tests psicológicos emplean una gran variedad de técnicas  específicas, que se combinan según los objetivos deseados. Una buena proporción de ellos acude a la formulación de preguntas que se anotan en algún cuestionario apropiado, que es el test mismo, y que por lo general se autoadministra. En otros casos se propone a las personas o grupos la realización de ciertas actividades pautadas, observándose su desarrollo. Se registran el tiempo empleado en su ejecución, las reacciones que se producen, el desempeño de ciertos roles, etc. Desde un punto de vista general estos tests pueden considerarse como observaciones realizadas en condiciones artificiales, preparadas y definidas de antemano. Para el caso de analfabetos existen instrumentos similares, pero que se desenvuelven exclusivamente por medio de las técnicas de la entrevista.
    Las técnicas proyectivas se basan en presentar algún estímulo definido a los sujetos en estudio para que ellos expresen libremente, a partir de estos estímulos, lo que piensan, ven o sienten. Generalmente se tratan de dibujos, manchas, fotografías u otros elementos similares, aunque también se apela a veces a estímulos verbales o auditivos. La recolección de datos, normalmente, se hace por medio de entrevistas poco formalizadas.
Otras técnicas de interés son las escalas y los diferenciales semánticos, que pueden combinarse exitosamente con las entrevistas formalizadas. Para el caso de las escalas se pide al entrevistado que se sitúe, según su opinión o actitud, en una escala gráfica. Dichas escalas pueden adoptar formas como la siguiente:
   a favor ----------------------------------------   en contra
    Se trata de un segmento, de dimensiones fijas y conocidas, sobre el cual el respondente marcará algún signo que indique la posición en que él, según su opinión, se sitúa. En el caso del ejemplo una posición totalmente favorable coincidirá con el extremo izquierdo y una totalmente desfavorable con el derecho. Midiendo luego la distancia en centímetros que separa a la marca hecha por el respondente respecto a uno cualquiera de los extremos se podrá obtener un valor numérico que corresponde a un punto determinado de la escala. También es posible señalar previamente en el segmento las posiciones intermedias, o utilizar otros recursos gráficos que no sean segmentos: caras serias o alegres, termómetros, rectángulos, o cualquier otro elemento gráfico capaz de reflejar una gradación y que resulte atractivo a la vez que preciso. En los diferenciales semánticos lo que aparece en cada posición son oraciones que señalan conductas o actitudes típicas, entre las cuales el entrevistado podrá escoger las que más coincide con sus opiniones.
El análisis de contenido
Llámase análisis de contenido a una técnica de investigación que se basa en el estudio cuantitativo del contenido manifiesto de la comunicación. Es usada especialmente en sociología, psicología, ciencias políticas y literatura, e incluye normalmente la determinación de la frecuencia con que aparecen en un texto ciertas categorías previamente definidas, tales como ideas, expresiones, vocablos o elementos expresivos de diversa naturaleza. Estas categorías expresan las variables o los indicadores, según los casos, que forman parte del problema de investigación planteado.
    El análisis de contenido es útil, especialmente, para establecer comparaciones y estudiar en profundidad diversos materiales: registros de entrevistas en estudios de psicología clínica o evolutiva, editoriales de periódicos o revistas, programas o declaraciones políticas, entrevistas focalizadas o abiertas, etc. Gracias a la aplicación de esta técnica es posible hacer apreciaciones sistemáticas sobre la ideología y el pensamiento político de diversos órganos de difusión, encontrar coincidencias y discrepancias en entrevistas y, en general, obtener un tipo de información bastante profunda sobre temas de por sí complejos y difíciles de estudiar. También es posible realizar análisis de contenido de materiales propagandísticos, cuantificándose en este caso el espacio en centímetros dedicados a ciertos temas o elementos gráficos, así como la ya mencionada frecuencia de aparición de ciertas palabras o frases.
    La ventaja principal que posee el análisis de contenido es que tiene una base empírica clara y perfectamente accesible, por lo que puede entonces analizarse un texto con menos subjetividad que por otros medios. Su principal inconveniente estriba en su costo, pues sólo puede hacer un análisis de contenido de cierta calidad un personal de alta calificación -un profesional especializado- a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en el caso de las encuestas por muestreo. Esta técnica tiene además una limitación intrínseca, que el investigador debe tener presente para no proyectar sus conclusiones más allá de la que ella misma aconseja: como el análisis abarca solamente el contenido manifiesto de la información (lo denotativo), pero no mide ni evalúa los contenidos latentes o implícitos (lo connotativo) -a veces de fundamental importancia para la comprensión del texto- no puede afirmarse entonces que por medio de esta técnica pueda tenerse una visión completa de los documentos en estudio. Por esto es indispensable, si se quiere realizar un análisis lo más certero posible, tener presente el contexto en que se ha producido y difundido la comunicación que se analiza.
    Los pasos concretos que se siguen al efectuar un análisis de contenido son, de un modo general, los siguientes:
1) Después de definir las variables que intervienen en el problema de estudio es preciso encontrar para éstas indicadores verbales o gráficos que puedan encontrarse en los documentos investigados.
2) Es necesario también hacer un arqueo de los documentos relevantes para la indagación. Si las unidades de información así detectadas son muchas será preciso, entonces, proceder a la extracción de una muestra, del mismo modo que si se tratara de seleccionar las personas a entrevistar en una encuesta.
3) Conviene, luego de lo anterior, efectuar una revisión somera del contenido de los materiales. El objetivo de la misma es encontrar los aspectos concretos que en ellos puedan identificarse con las variables y los indicadores ya definidos.
4) Las restantes tareas, si se quiere, son ya más sencillas: hay que marcar la aparición de cada elemento de interés, utilizando para ello una forma de registro apropiado. Debe luego tabularse la información así obtenida, de acuerdo a los procedimientos usuales. Finalmente, habrá que analizar los cuadros elaborados con los datos recogidos para encontrar sus tendencias y el significado de las cifras, de modo de arribar a las conclusiones generales del trabajo.
    La aparición de algunos programas de computación llamados manejadores o procesadores de textos facilitan enormemente la aplicación de esta técnica. Dichos programas, que no deben confundirse con los usuales procesadores de palabras, permiten contar las veces que cada palabra o grupo de palabras aparece en un texto pues destacan gráficamente cada aparición, con lo que se elimina la parte más tediosa y lenta de este tipo de trabajo.
Recolección de datos secundarios. Uso del internet
    Los datos secundarios suelen encontrarse diseminados, ya que las fuentes escritas que los contienen corrientemente se dispersan en múltiples archivos y fuentes de información. Las primeras bibliotecas fueron creadas, hace más de mil años, precisamente para reducir las dificultades que esta circunstancia creaba a los estudiosos. Con el tiempo, y ya en la época moderna, éstas fueron desarrollando sistemas cada vez más precisos y uniformes de clasificación de los materiales que atesoraban, se vincularon entre sí y fomentaron la creación de un sistema cada vez más integrado de préstamos y referencias. Con la aparición de las computadoras estos registros se hicieron más fáciles de actualizar, consultar y estandarizar, al crearse gigantescas bases de datos que integraban y daban rápido acceso a un enorme acervo de información. Luego se crearon las actuales redes informáticas, conectando entre sí las computadoras de universidades, bibliotecas y centros de investigación, y estas redes se fueron ampliando hasta llegar a la creación de un sistema global, que integra hoy también a empresas, personas y todo tipo de instituciones. Se creó así el internet, que no es otra cosa que esta gigantesca red de redes a través de la cual hoy se puede tener acceso a toda esta información desde cualquier computador personal que esté vinculado, por medio de una línea telefónica o de fibra óptica, a un servidor o computador maestro conectado a la red.
    A través de internet se facilita enormemente la antes tediosa y lenta tarea de obtener datos secundarios. Basta “entrar" a la red -a través de la computadora personal o de las que normalmente ya poseen, para estudiantes e investigadores, casi todas las universidades y muchos colegios- para que se nos abra un mundo casi ilimitado de informaciones de todo tipo. En las “páginas" de organizaciones especializadas podemos encontrar textos, referencias a autores, libros e investigaciones, datos específicos e información general de gran utilidad. Podemos averiguar sobre los temas de nuestro interés, “navegando" a través de referencias que nos acercan progresivamente a lo que queremos saber, y hasta dialogar directamente con autores e investigadores, a los cuales sueles pedírsele referencias, consejos y opiniones. [Mi página personal, a la que invito cordialmente a los lectores, es: http://carlossabino.freeservers.com]
    La información que obtenemos en internet debe generalmente imprimirse para poder leerla con más detenimiento, subrayarla e integrarla al trabajo que realizamos. También sirve como punto de partida para acudir a las bibliotecas con demandas precisas en cuanto a libros, revistas científicas y boletines informativos. En muchos casos conviene también acudir otros lugares que pueden reunir información más especializada: archivos y bibliotecas privadas, de organismos e instituciones publicas o privadas, librerías, puestos de ventas de periódicos, etc.
    Las bibliotecas ofrecen tradicionalmente tres tipos de ficheros que, si son adecuadamente usados, proporcionan un cuadro completo de la información existente sobre un tema. Gracias a los métodos computarizados de registro se puede llegar muy rápidamente a los materiales que necesitamos a partir de cualquier dato que conozcamos acerca de ellos.
    Los ficheros o listados por autor están ordenados alfabéticamente según el nombre de cada uno de ellos, con lo que es posible informarse de toda la bibliografía que puede consul- tarse sobre un determinado autor. Los ficheros temáticos ordenan las obras de acuerdo a una lista internacional normalizada de temas y subtemas, lo que nos permite tener un cuadro bastante completo de las obras existentes sobre el asunto de nuestro interés. Finalmente existen ficheros ordenados alfabéticamente de acuerdo a los títulos de los libros y artículos, lo que hace factible encontrar los trabajos de autores cuyos nombres no conocemos o recordamos. Estas formas de clasificación, y también otras más avanzadas, son empleadas igualmente para ordenar las informaciones en las páginas de internet.
    Una vez que se conoce de qué información podemos disponer para nuestra investigación el próximo paso será efectuar una primera lectura de la misma, para calibrar su grado de interés y pertinencia. Es muy probable que, al ir revisando las obras, encontremos en ellas informaciones que podamos emplear -directa o indirectamente- durante el curso de nuestra investigación. Para recoger esta información el instrumento de recolección de datos que se utiliza es la llamada ficha. [V., para una descripción más detallada, Troncone P., El Seminario, Ed. El Cid, Buenos Aires, 1978, y Hochman E. y M. Montero, Investigación Documental, Ed. Panapo, Caracas, 1986].
    Debemos advertir que al hablar de fichas nos estamos refiriendo a unidades de registro, no a objetos físicos de cualquier característica. Por ello son fichas las que se hacen en las cartulinas denominadas vulgarmente “fichas", pero también deben considerarse como tales los registros que se hagan en cualquier clase de papel o en archivos específicos de los procesadores de texto de las computadoras o en bases de datos específicas para guardar tales registros. De hecho ya va cayendo en desuso el tradicional sistema de fichas rectangulares que en otro tiempo fuera casi universal y se impone hoy -por su comodidad, facilidad de manejo y rapidez- el sistema electrónico de fichas por computadoras. En este caso el investigador va llenando registros especialmente diseñados en archivos de computación específicos que poseen espacios predeterminados para la recolección de los datos que toda ficha debe poseer o, simplemente, como en la mayoría de los casos, va copiando la información en archivos de su procesador de textos que destina a tal fin. En este caso se puede usar el método de “cortar y pegar" para trasladar la información que se incluye en la ficha, lo que facilita el acopio de los datos que provienen del internet.
    Las fichas suelen dividirse, según sus características, en cuatro tipos diferentes: bibliográficas, textuales, de contenido y mixtas. Todas ellas constan de algunos elementos comunes, que posibilitan su posterior inclusión en los trabajos de investigación. Estos son:
Nombre del autor o los autores
Título de la obra
Editorial que la publicó
Lugar y año de la edición
    Las fichas bibliográficas son una simple guía para recordar cuáles libros o trabajos han sido consultados o existen sobre un tema, y sólo poseen los cuatro elementos citados anteriormente. Las fichas textuales, además de poseer tal encabezamiento, constan de párrafos o trozos seleccionados que apa- recen en la obra, o de estadísticas, cuadros y otros datos semejantes. Estos fragmentos se repiten exactamente tal como han sido escritos, sin la menor alteración, para respetar el trabajo creador de quien estamos citando, haciendo mención explícita de la página en que aparecen. Las frases presentadas en las citas textuales deben encerrarse entre comillas. Las fichas de contenido, aparte de poseer los datos de referencia comunes a toda ficha, consisten en resúmenes o síntesis de párrafos, capítulos o aun de la obra toda. Es conveniente incluir en ellas el número de las páginas o capítulos resumidos, así como el índice general de la obra o un extracto del mismo. Estas fichas también se denominan fichas de resumen. Las fichas mixtas se elaboran integrando a la vez información textual y de libre creación del investigador. Resultan las más útiles y adaptables, aunque su realización exige algo más de criterio que la de los otros tipos mencionados.
    El valor de las fichas reside en que ellas permiten recopilar las informaciones que necesitamos para una determinada investigación. Por ello es importante que las construyamos de modo tal que se adecuen a los fines de nuestro trabajo. Si las fichas de una indagación son completas y registran fielmente los datos originales, será posible desarrollar la investigación con la seriedad que requiere todo trabajo científico. Es importante también manejar el material con orden y prolijidad, porque de otro modo la tarea de ordenamiento y de análisis de los datos se hace muy difícil y engorrosa. Esto no quiere decir que debamos convertir la tarea de recolección de datos biblio-gráficos en una actividad formalista, recargada de minuciosidades que en poco aportan al desarrollo de la investigación, sino que debemos encontrar un método de trabajo que nos permita disponer de todo la información que necesitamos con rapidez y sin excesivo trabajo.
    Una vez concluido el trabajo de fichado de las fuentes se estará en condiciones de continuar con las operaciones propias del diseño bibliográfico: cotejo y evaluación de la información, análisis, síntesis y redacción del informe de investigación. Estas operaciones serán tratadas en detalle en la sección 10.5, donde se continúa con la descripción del proceso de investigación para el caso de diseños bibliográficos.


Ejercicios  

Enviar respuestas a mi correo (plugano@gmail.com) 
Grupos de 2 personas               
1. Identifica los elementos a observar para determinar el comportamiento de las personas en un colmado tratando de determinar sus hábitos de compra en cuanto a: productos comprados, horarios y características de los compradores. Después, crea la oportuna guía de observación.
2. Diseña un cuestionario para determinar el consumo de bebidas alcohólicas por parte de personas jóvenes (menores de 30 años)
3. Diseña una entrevista para determinar la real eficiencia de un plan de contingencia en el Dep. de Cómputo de una empresa/escuela




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